sábado, 1 de diciembre de 2012

Habilidades Directivas

ESTRÉS

LA NECESIDAD DE SABER DOMINAR EL ESTRÉS.

El estrés es la reacción habitual ante una presión excesiva. Existen varias razones para padecer tensión: el ritmo frenético de vida que soportamos hoy en día; las necesidades crecientes de las personas de lograr sus objetivos y cumplir sus aspiraciones. Todo ello nos conduce a sufrir más presión que  nunca en nuestras vidas. Te has acostumbrado a estar estresado, a vivir con tensión y, sin embargo, todavía te sigues preguntando por qué no disfrutas de la vida como la saboreabas en tu juventud. A menudo te olvidas de algo fundamental: es necesario dominar el estrés.

Para la mayoría de las personas el término "estrés" tiene connotaciones negativas. Sin embargo, existen dos tipos de estrés, el positivo y el negativo. Hay que diferenciarlos:

·Estrés positivo. Para aprovechar el tiempo al máximo, todo el mundo necesita padecer de "estrés positivo". Consiste en desarrollar un impulso innato tendente a la búsqueda de retos y desafíos. La acepción técnica de estrés sería "despertar". (en efecto, necesitas despertarte para levantarte de la cama e ir a trabajar; tener ese impulso). Durante el transcurso del día, te irás "espabilando" hasta alcanzar el rendimiento máximo , será el momento en el que trabajarás mejor.
·Estrés negativo. Consiste en sentir que las presiones en tu vida resultan abrumadoras y te desbordan; en consecuencia, te sientes incapaz de enfrentarte a ellas. Las personas que se quejan de estrés normalmente lo padecen. Si no luchas contra este "cáncer", puede surgir en tu interior un sentimiento de estar totalmente desbordado por las circunstancias que te rodean e incluso llegar a enfermar físicamente.

El estrés positivo puede transformarse en negativo. Depende en gran medida de las circunstancias individuales y de la energía personal. El "estrés negativo" puede aparecer de repente, provocado por un incidente específico. Se va acumulando en el interior de la persona, mientras la capacidad para enfrentarse a él va degenerando progresivamente. No es un proceso inexorable: si has advertido signos prematuros de estrés, puedes comenzar a luchar para neutralizar sus efectos.

RECONOCER LOS EFECTOS DEL ESTRÉS.

La pista para reconocer los signos del estrés es un cambio en tu comportamiento. Los signos más comunes son:

·Enfurecerte con los compañeros y encolerizarte ante el mínimo problema que surja.
·Tener menos energía de la normal y por lo tanto conseguir menos objetivos.
·Poner más pegas que de costumbre y objetar sobre asuntos que no se plantearían  normalmente.
·Tomarte una copa para trabajar más eficazmente.
·Sentirte constantemente sin fuerzas y mantener un talante pesimista.
·Creer que actúas sin control: estar abrumado por multitud de asuntos, que necesitan ser dirigidos y resueltos todos al mismo tiempo.
·Experimentar reacciones físicas inesperadas como palpitaciones, sudores, estremecimientos, dolores de cabeza, erupciones cutáneas o sentir un nudo en el estómago.

Sería fácil pensar que estas reacciones físicas surgen en respuesta a circunstancias adversas o más difíciles de abordar que las rutinarias, o porque los acontecimientos cambian constantemente; es imposible estar al tanto de las técnicas y novedades de la ciencia y, en consecuencia, no merece la pena ponerse a aprenderlas. Si razonas de este modo presentas todos los síntomas de padecer estrés y de trabajar bajo sus perniciosos efectos.

ADOPTAR ESTRATEGIAS NEGATIVAS.

Cuando la persona está estresada, normalmente, adopta alguna medida para aliviar sus inquietudes. Desgraciadamente, a menudo, tienen un efecto negativo en vez de positivo. Por lo tanto si crees que padeces de estrés, toma nota.
Las estrategias que se suelen adoptar son de:

·Huida: ignorar un problema o pretender olvidar su existencia; negar la evidencia de que las cosas van mal y, cuando se pone en duda su actuación, afirmar que todo va bien, aunque resulta obvio que no es cierto.
·Inquietud: reflexionar en negativo sobre las preocupaciones y sobre sus consecuencias; quedarse impasible en vez de tratar de resolverlas.
·Vacilación: dudar entre tomar una decisión u otra, y, en consecuencia, no emprender ninguna línea de acción concreta.
·Andarse con dilaciones: demorar el trabajo sin causa aparente, es decir, no hacer nada, esperar que la solución venga por sí sola, en vez de intentar resolver esa situación.
·Buscar emociones fuertes: cometer imprudencias que sirvan de distracción para alejar la depresión.
·Desahogarse: estallar en cólera, criticar a las personas de manera hiriente o con  comentarios lascivos, o romper a llorar para desahogarse tanto de liberar los sentimientos de exasperación, agitación y desasosiego.
·Convertirse en un haragán: no tomar parte de actividades que les interesaban anteriormente.

Todas estas estrategias llevan a las personas a trabajar con poca eficacia y, además producen más estrés a largo plazo. Son una tentativa inconsciente de liberar los sentimiento reprimidos, pero, en realidad, lo único que hacen es originar más estrés. ¡Así que cuidado!

ENTENDER EL ESTRÉS.

Conocer la naturaleza del estrés es el primer paso para llegar a dominarlo.

El hombre del siglo XXI responde ante las amenazas de la misma manera que lo hacía el hombre prehistórico, es decir, que el estrés, ya sea positivo o negativo, vive contigo y no desaparecerá de tu vida. Necesitarás ser consciente de tus reacciones emocionales ante cualquier situación, ya sea adversa o beneficiosa. Tu grado de estrés vendrá determinado según reacciones ante una amenaza, según interpretes esa amenaza.
Si tu respuesta es espontánea, poco meditada, será tan atávica como la que pudo dar el cazador o recolector prehistórico. Quizá creas que se ha evolucionado alto entra la edad de Hierro y la Era de Internet, pero éste no es el caso que nos ocupa. Una vez que entiendas la naturaleza del estrés verás el porqué.

Cuando el hombre prehistórico se enfrentaba cara a cara con un dinosaurio, su cerebro transmitía una señal de miedo y su cuerpo se movilizaba para actuar en dos líneas de acción:

·        Lucha: enfrentándose al agresor.
·        Huida: escapándose tan rápido como le era posible.

Las amenazas a las que se enfrentan las personas en la vida moderna puede que no sean las mismas, pero la respuesta sí lo es.

Hoy en día, la mayoría de las situaciones que causan estrés, no son tan extremas como para elegir entre luchar o huir. De todas maneras, ni luchar ni huir es lo más conveniente.

El problema es que el cerebro no puede diferenciar entre una amenaza que entraña un peligro grave hacia la persona (por ejemplo, luchar contra un dinosaurio), u otra amenaza de tipo conflicto personal (verbi gratia, entre empleados que chocan por sus distintos caracteres). Sin embargo, la respuesta del cerebro ante cualquiera de las dos amenazas, es la misma: se pone en movimiento. En pocos segundos, la adrenalina se expande por el sistema nervioso que, si bien físicamente pasa inadvertida, produce un estado mental de nerviosismo acompañado de reacciones físicas, como sensación de retortijones en el estómago, palmas sudorosas, taquicardia, boca seca y debilidad corporal. El cuerpo se ha preparado instintivamente para actuar, pero es necesario que actúe racionalmente, con mesura, con cabeza, para moderar este impulso instintivo.

Si padeces de estos síntomas, los efectos más comunes serán:

·No ser capaz de pensar coordinadamente. Te resultará difícil estructurar tus pensamientos con lógica y claridad a la hora de resolver tus problemas. Tu estado de agotamiento te abocará a dudar incluso de tu propia capacidad personal.
·Distraerse con facilidad. Te cuesta concentrarte y, como resultado, tu rendimiento va disminuyendo gradualmente. Tu falta de concentración te creará complicaciones en el cumplimiento de tareas de difícil ejecución.
·Comportarse de modo extremo. Puedes seguir patrones de comportamiento rígidos, negarte a cualquier cambio y seguir como siempre. Esto te llevará a ser incapaz de adaptarte a las nuevas circunstancias que se presenten, cuando deberías dar siempre una respuesta flexible.

Si no puedes reflexionar con objetividad sobre una situación, se te hará difícil resolverla favorablemente. Pero una vez que seas consciente del efecto que el estrés provoco en tus pensamientos, re resultará más fácil iniciar la terapia.

LA REACCIÓN EN CADENA

La mente y el cuerpo están intrínsecamente unidos. La apreciación inicial de una situación en un momento preciso desencadenará una reacción física en cadena, que determinará la intensidad de la respuesta emocional. Si se interpreta cierta situación como excitante y jocosa (por ejemplo, un evento que suponga esfuerzo, pero que se pueda llevar a buen fin), el sistema corporal de alarma desencadenará una serie de estímulos para entrar en acción. Pero si se interpreta una situación como intimidatoria y desconcertante (por ejemplo, cuando el trabajo se intensifica y se está agobiado), se generará un estado de estrés.

Los sentimientos no vienen del cielo, son resultado de las percepciones. Desde el pensamiento brotan los sentimientos y de ellos surge el comportamiento.

Por lo tanto, ponte en su lugar: si permites que tus pensamientos sean "negativos" o "defectuosos", te sentirás nervioso, de mal humor y gruñón, lo que puede llevarte a un estrés pernicioso.

La tensión acumulada provoca a largo plazo:

·Ansiedad. Cuando el miedo se convierte en angustia, ante una determinada situación brota la ansiedad. Los síntomas se reflejan en impotencia, sentimiento de pánico, nerviosismo e insomnio.
·Agresión. Cuando los esfuerzos para lograr un objetivo resultan vanos emerge la agresión. Los síntomas incluyen irritabilidad extrema, excitación frente a nimiedades o trivialidades, así como mantener un comportamiento peleón y valentón.
·Depresión. Cuando las preocupaciones se desbordan por doquier, y la vida no resulta muy atractiva, aparece la depresión. Los síntomas llevan a una pérdida de motivación, a sentimientos de letargo, hastío, tristeza y a falta de autoestima.

Éstas son las consecuencias más comunes del estrés durante un período de tiempo y, así se permanece impasible ante él, se acabará empeorando, progresivamente.

LOCALIZAR LOS AGENTES DEL ESTRÉS.

Cuando las personas padecen de estrés, raramente se detienen a pensar en él. Si pones el dedo en la herida abierta por el estrés (y localizas la causa, es decir, quién lo ha provocado) podrás curarlo, te darás cuenta de que pocas veces tienes la culpa de sufrir estrés.

En general, los agentes del estrés derivan de:

·Impulsos intrínsecos propios (el cuerpo). Son reacciones compulsivas e innatas que te motivan y te empujan a actuar de una determinada manera, algunas veces excediéndose.
·Presiones laborales (el entorno en general). Son la necesidad de desempeñar las tareas propias de tu trabajo en situaciones en que existen restricciones, impedimentos y demandas. A veces parece que se confabulan las tres para impedir un rendimiento óptimo.
·Acontecimientos de la vida (el pensamiento). Algunas circunstancias, por ejemplo pérdida de un ser querido, divorcio, endeudamiento o un cambio inesperado, pueden empujarte al límite de tu capacidad y llegara veces a replantearte la manera de dirigir y organizar tu vida.

REACCIONES INTRÍNSECAS

Las reacciones compulsivas influyen y afectan a tu planificación del trabajo, a la hora de organizarte tu labor, distribuirte el tiempo o encaminar tus relaciones personales.

Si no estás bajo los efectos del estrés pueden resultar eficaces. Pero, cuando lo padeces, pueden conducirte a hasta extremos insospechados, a un comportamiento que nunca hubieras imaginado.

Hay cinco impulsos básicos que afectan a todas las personas en el trabajo:

Urgencia. Como todo corre prisa, estás obligado a realizar muchas tareas en un plazo muy corto. También respondes particularmente bien ante un ultimato y tu energía aumenta ante situaciones de presión. Muy bien, si no caes en las redes del estrés, tu fuerza interior te permitirá trabajar a destajo. Pero cuando sufres tensión todas estas virtudes no te sirven, estarás menos dispuesto a trabajar y cometerás más equivocaciones. 
Perfección. Este impulso te obliga a lograr la perfección en tu trabajo, es una exigencia para conseguir los niveles correctos de ejecución. Pero si padeces de tensión, acabarás desconfiando de todo el mundo y no delegarás tareas, e inevitablemente el trabajo acabará desbordándote. Es probable que no distingas correctamente entre lo que es necesario y lo que no lo es, y que pases más tiempo del debido repasando detalles de poca importancia.
     Dar las gracias. Con este impulso pretendes mostrar tu agradecimiento a las personas, sin que ellos te lo pidan; también intentas anticiparte a las necesidades humanas solventado las necesidades que tengan tus subordinados y los problemas que surjan en el proceso de producción, proporcionando los medios adecuados. Pero si te encuentras bajo la losa del estrés, podrías anticiparte a los acontecimientos y enemistarte con las personas, bien por descuido u omisión, o convertirte en persona susceptible o bien preocuparte por tu futuro si ves que has fracasado en el intento. 
   Pisar fuerte. Este impulso te obliga a esforzarte en el cumplimiento de una tarea. Te enfrentas a este reto con entusiasmo, y te preparas para asumir responsabilidades. Pero con tensión puedes verte desbordado por los acontecimientos e incumplir tus obligaciones. 
     Ser enérgico. Este impulso te obliga a ser enérgico en todo momento y a estar motivado cuando sea necesario. Si estás capacitado para resolver situaciones de gran tensión, solucionarás cualquier problema. Pero si el amigo estrés te acompaña no pedirás auxilio a nadie y lucharás en soledad contra él, sea cual fuere el coste personal que te suponga.

Muchas personas reconocen que se sienten motivas por más de un impulso. Éstos se pueden cambiar, aunque son parte intrínseca de la naturaleza humana, se pueden transformar desde la raíz. Si eres consciente de tus propios impulsos, serás capaz de observar en tu propio comportamiento el punto en que éstos se desbocan y podrás intentar atenuarlos, de la misma manera que bajarías el volumen de la radio si sonara muy alta.

PRESIONES LABORALES

Sentirse continuamente presionado en el trabajo, sin tomarse tiempo para analizar esa presión, puede aumentar el estrés enormemente. La mayoría de las personas aceptan que algo de estrés "viene en el lote del trabajo", si eres capaz de determinar los orígenes del estrés en el trabajo te ayudará a combatirlo. La tensión se acepta con frecuencia como un facto específico del trabajo, aunque no tiene que serlo en realidad. Las presiones laborales más comunes son:

·Enfrentarse con niveles de realización o metas imposibles que se establecen en un plazo de tiempo corto. Si las exigencias de la tarea exceden de tu capacidad personal y de los recursos disponibles en ese momento, surge el estrés; por ejemplo, si trabajas muchas horas, o tienes demasiada labor para hacerla en el tiempo estipulado, o si el trabajo te resulta problemático o de difícil complejidad.
·Trabajar en circunstancias variables significa que cualquier acontecimiento inesperado es el padre nuestro de todos los días. Si no tienes los límites de tu responsabilidad claros o no tienes una visión sobre lo que se espera de ti, crecerán en tu interior sentimientos de temor y falta de motivación.
·Experimentar inseguridad laboral por tener un contrato de trabajo en precario y temer lo que el futuro te pueda deparar. Este hecho, tan común por otra parte, te puede producir una grave ansiedad que haga disminuir tu rendimiento y produzca cambios extremos en tu humor y comportamiento, que vayan desde entusiasmo hasta caer en las profundidades de la depresión.
·Trabajar con una persona desagradable implica que tu paciencia y buena voluntad, así como la de otras personas, vayan marchitándose lentamente. Esto te provocará un rendimiento menor y llegarás a frustrarte y sentir tensión.
·Enfrentarte con demasiada responsabilidad conlleva ser el responsable directo de la buena marcha de la empresa en la mayoría de las ocasiones. La presión topa con una dificultad añadida: la toma de decisiones, puede llevarte a descentrarte totalmente de tu trabajo.
·Tener una gran cantidad de trabajo puede suponer que estés desbordado por el trabajo o bien que no has establecido una lista de prioridades. Produce presión que puede llevarte a cometer más errores.

En las circunstancias anteriores, las personas reaccionan frente a presiones que no son culpa suya. Están convencidas de que se les escapa el control de su propio trabajo y de sus decisiones, lo que les lleva una espiral de estrés, es decir, a una disminución en los niveles de ejecución de trabajo a un aumento de las quejas, a sentirse fracasado inevitablemente y a padecer más estrés.

Tómate tiempo para analizar el trabajo que desempeñas, si empiezas a sentirte algo presionado, intenta señalar con claridad las causas de ese estrés. Este proceso aliviara tu mente porque, ahora, conoces algo más de este "enfermedad". También supondrá que no te estresarás más, pensando que, de algún modo, tienes tú la culpa de padecerlo.

ACONTECIMIENTO DE LA VIDA MISMA

Puedes encontrarte a lo largo de tu vida con innumerables cambios, dificultades, altibajos y vicisitudes. Estos factores forman parte de la vida cotidiana, y pueden abocarte a que llegues a aceptar el estrés como algo connatural a tu persona. Sin embargo es inadmisible que hayas de soportar tanto estrés, de la misma manera que un marinero ha de adaptarse al balanceo en la cubierta de un barco por ejemplo, tú deberías averiguar qué elementos provocan tensión en tu vida. Piensa que el estrés se debe en gran medida:

·Acontecimientos graves. La muerte de un pariente cercano, tu separación matrimonial, los agravios personales o la enfermedad, obviamente te causarán estrés. Sin embargo, existen eventos que, en teoría, no son tristes ni dolorosos, como casarse o mudarse de casa, simplemente implican cambios personales sustanciales originando una nueva situación que es deseable y querida, no obstante, suponen un impacto considerable en nuestras vidas y generarán estrés.
·Molestias diarias. Se supone que te estresas cuando experimentas un acontecimiento grave, aunque con el tiempo acabarás superándolo. Pero si soportas un atasco de tráfico todos los días o padeces una interrupción en tu trabajo cada dos minutos cuando te intentas concentrar, tu tensión no disminuirá, además si cuando le plantas cara a un problema, otros asoma por la ventana y ocupa su lugar; lo que te sucede casi a diario, tu estrés aumentará más porque te darás cuenta de que tanto exigencia y tan constante está minando tu energía interna.
·Envejecimiento. Adaptarse a los cambios físicos y mentales que se producen en el modo de trabajar y en el modo de llevar las empresas, en  edades maduras, resulta más difícil que lo que te puedas imaginar, y puede ser origen de estrés. Especialmente a mitad de la vida, cuando las hormonas disminuyen progresivamente (en los hombres a partir de los 35 años y en las mujeres a finales de los 40, y a un ritmo superior durante los siguiente 5 0 10 años). Este hecho tendrá un efecto directo en tu bienestar físico y en tu comportamiento, y que te producirá pérdidas de memoria a corto plazo y reducirá tu energía.

Todas estas circunstancias parece que forman parte del tapiz que conforma la vida, que son naturales, que las tienes que asumir y afrontar, pero, atención, date cuenta de esto: cualquier cambio en la vida requiere una adaptación, y el cambio causa estrés.

UNA ACUMULACIÓN DE AGENTES ESTRESANTES

Es importante que no subestimes el efecto acumulativo de los agentes anteriores, porque pueden debilitar tu capacidad de organización. El estrés no se origina por la dimensión ni la magnitud de un agente, sino por el efecto de acumulación. Si los agentes del estrés llegan de golpe y porrazo, podrás manejarlos con facilidad. Pero si tienes que luchar con varios a la vez no podrás combatirlos y se escaparán a tu control. Si actúan al mismo tiempo, te encontrarás bajo un bombardeo y te parecerá que no tienes escapatoria.

Te podrá suceder que inicialmente afrontes a satisfacción, merced a una combinación de impulsos absorbentes, presiones laborales y acontecimientos estresante. No obstante, el esfuerzo necesario para frenarlos irá mermando tus reservas energéticas lentamente y debilitando tu resistencia; posteriormente, los cambios provocados en tu salud física pueden incluso desencadenar una forma extrema de estrés mental conocido como "agotamiento".

REDUCIR EL ESTRÉS (INSTANTÁNEAMENTE)

Lo bueno del estrés, quizá es lo único bueno que tenga, es que puedes actuar en seguida contra él. Si, por ejemplo, de pronto, recibes una bronca en el trabajo o tienes que resolver un problema inesperado, puedes reaccionar de dos maneras: enfrentándote a esa situación (lucha), o bien huyendo de la misma (vuelo). Incluso ante situaciones irresolubles, puedes llegar a controlar el estrés, porque es posible encontrar el modo de liberar los componentes químicos que en ese momento están perjudicando gravemente a tu sistema nervioso.

Da igual el grado de estrés que tengas, siempre existen métodos para disminuirlo. Pero recuerda: no pretendas librarte de la tensión de golpe ni en su conjunto porque es imposible y quizá nunca te vuelvas a levantar de la cama.

EJERCICIO FÍSICO PARA COMBATIR EL ESTRÉS

El movimiento físico es un modo rápido y excelente para descargar y aliviar la tensión acumulada. Existen tres métodos probados y comprobados que además puedes practicarlos en cualquier lugar. Intenta repetirlos varias veces al día.

·Deja caer tus hombros. Siéntate erguido, eleva tus hombros, y de repente déjalos caer. Esto relaja tus músculos, en términos físicos significa que no eres capaz de alzar el vuelo, y por lo tanto engañas a tu propio cuerpo durante unos segundos, le vienes a decir que no estás amenazado.
· Respira profundamente. Pon las palmas de los pies planas sobre el suelo, posa tus manos en tu regazo, deja caer tus hombros, cierra los ojos, y respira profundamente inhalando aire por la nariz, cuenta lentamente del uno al cuatro y expira el aire por la boca contando, otra vez del uno al cuatro. Este ejercicio transporta el oxígeno a través de los pulmones y lo devuelve al cerebro, lo que te ayudará a despejar tu mente y te permitirá volver a funcionar correctamente. Hazlo cuatro veces.
·Muévete de un lado para otro. Levántate y estírate, tómate un café, ve a lavarte las manos, haz un recado rápidamente o mira el cielo, la calle y el paisaje.

La clave de estos ejercicios radica en el movimiento, en la actitud mental que adoptes de "lucha" o de "huida", en miniatura claro porque no te encuentras precisamente ante una situación desesperada. Si eres capaz de considerar, de pensar, que el mundo no es una amenaza, podrás relajarte con facilidad y, en consecuencia, darle un respiro físico a tu sistema nervioso, pese a que siempre estará "preparado para luchar".

Cuando tu cuerpo empieza a liberar la tensión, los músculos del estómago se relajan, el sistema digestivo comienza a funcionar y el corazón late con menos intensidad, en resumen,  sientes menos tensión. Esto, junto al hecho de que el cerebro recibe más oxígeno, te ayudará a pensar más racionalmente.

Una vez que comiences a pensar con claridad, mejorarás tu estado de ánimo y encontrarás que lo que te resultaba estresante ella no lo es.

MEJORAR TU AMBIENTE LABORAL

Piensa en tu método de trabajo, reflexiona si las presiones incrementa tu tensión o si el estrés te dicta el modo de acometer tu trabajo. Existen consejos prácticos que te ayudarán a mejorar esta situación:
·Cambiar el área de trabajo. Si tu entorno laboral te produce tristeza porque, por ejemplo, hay poca luminosidad, prueba el método Feng Shui. Es un sistema oriental que consiste en disponer las pertenencias, los objetos personales de una determinada manera para que el lugar te resulte grato a la vista, eliminado cualquier desorden, y creando un rinconcito donde reine la armonía. Si no tienes una ventana con vistas al exterior, cuelga en la pared un cuadro o un póster (incluso una postal) de una escena con perspectiva, de este modo, tus ojos descansarán mirando al infinito.
·Limpieza total. Si no encuentras un documento porque tienes la mesa desordenada, llena de papeles, clasifícalo todo. Así aparte de eliminar el desorden, evitarás perder las cosas. Si no piensas leer un documento durante un tiempo, archívalo; si lo empleas en ese momento, archívalo en cuando puedas, elimina lo superfluo, todo lo que no sirva. Tirar cosas por tirar resulta catártico. Si reina la confusión en tu mesa, tu mente seguirá el mismo derrotero.
·Organización. Si te mantienes al corriente de plazos de entrega (empleando un gráfico de pared o apuntándotelos en tu agenda), eliminarás de raíz el sentido de impotencia que te amaga cuando comprendes que no puedes cumplir con la fecha de entrega.
·Reparación de los materiales. Si tienes un equipo inservible o que no funciona correctamente, repáralo o renuévalo. Arregla la fotocopiadora que se atasca continuamente, el estante que se tambalea o compra un nuevo archivador. Sentirás que consigues el objetivo propuesto, cuando vayas a utilizarlos, te darás cuenta de la mejoría.

Los consejos antedichos son remedios caseros, de andar por casa, pero no son triviales. Es sorprendente cómo disminuye la tensión en tu entorno laboral por el hecho de encontrar un documento con rapidez, trabajar con material adecuado o tener un equipo que no se estropea cada dos por tres, o simplemente porque puedes contemplar una escena idílica desde tu ventana.

RELAJACIÓN

El desarrollo de tu capacidad de relajación supone "engranar" las piezas del sistema parasimpático nervioso (el que recarga de energía a tu cuerpo). Un modo de aliviar al tensión es ver la televisión, ahora bien, un método mejor para relajarte es reposar tumbado en la cama o sentado en el sillón, porque serás consciente de que liberas tensión. Así que ¡manos a la obra!

·Lee un libro, una novela policíaca, un clásico del siglo XIX, una biografía, un cuento de viajes, en fin, lo que más te guste. Así olvidarás el estrés y las tensiones de la vida cotidiana.
·Escucha música antes de irte a dormir, por ejemplo una melodía tranquilizante que te ayude a relajarte.
·Antes de quedarte dormido, estira y relaja las diferentes partes del cuerpo, empieza por los pies, luego las piernas, el abdomen y torso, las manos, los brazos, el cuello, los hombros y finalmente tu cara. Este ejercicio te liberará de toda la tensión acumulada en los músculos y te permitirá alcanzar un estado de tranquilidad física.

Aparte del esfuerzo personal y de un tratamiento personal individualizado, otras cosas te pueden ayudar el proceso de relajación. Por ejemplo:

·La aromaterapia consiste en dar fricciones en el cuerpo con aceites aromáticos y balsámicos.
·Dar un enérgico masaje a los músculos para activar la circulación sanguínea y dotar al cuerpo de mayor flexibilidad.
·La reflexología consiste en dar masaje en las plantas de los pies, porque conectan con otras partes del cuerpo, lo que contribuye a relajarlas.

Si utilizas estos métodos, bien individualmente o poniéndote en manos de profesionales, aliviarás tu tensión y nacerá en ti un sentimiento de bienestar y una vitalidad desbordante para abordar tus problemas.

REDUCIR EL ESTRÉS (PERMANENTEMENTE)

Para disminuir el estrés eficazmente, echa un vistazo a tu modo de vida y experiencia personal, saca tus propias conclusiones: ¿sufro estrés?, ¿hago algo para combatirlo?, y pon en marcha una estrategia a largo plazo para eliminarlo definitivamente.

APRENDER HÁBITOS SALUDABLES

Tienes que plantearte tu vida: observar si tus hábitos contribuyen a acumular estrés, o si, al contrario, son las circunstancias externas, las que afectan a tu vida y las que generan tensión. Por ejemplo, vivir únicamente para el trabajo significa que lo consideras el centro de tu vida, que vives para trabajar; ten en cuenta si tu trabajo no marcha satisfactoriamente, tu tensión no desaparecerá. Para relajarte, asegúrate de que no alimentas hábitos poco saludables ¿Cómo lo conseguirás?
 
·Durmiendo un número de horas suficiente. Puede ser que la fatiga que padeces se deba a falta de sueño o a que pasas las noches insomne. La solución es muy sencilla: duerme una cantidad suficiente de horas. Si te acuestas a horas intempestivas o madrugas mucho todos los días, te cansarás y agotarás tus energías en seguida. Corta este ciclo: comienza una noche, la del sábado por ejemplo: vete a dormir a la una como muy tarde; establece un nuevo patrón de 7-8 horas de sueño como mínimo (sería conveniente que utilizaras técnicas de relación antes de irte a dormir). Todo lo anterior te proporcionará recursos suficientes para que tu cuerpo descanse y se recupere.
·Alimentándote sanamente. Si sobrevives únicamente de cafés o de pinchos de bar en bar, alimentarás el estrés en tu interior, porque de este modo sólo calmas el estómago durante un tiempo, y luego tendrás más hambre que vergüenza. Dedica 10 minutos de tu tiempo y almuerza tranquilamente, sentado y preferiblemente fuera del trabajo. No comas como único plato un paquete de patatas, come también una ensalada o un sándwich de atún. Tu cuerpo sabrá digerir la comida y absorber los alimentos necesarios para un mejor rendimiento.
·Bebiendo con moderación. Un poco de alcohol puede relajarte y aliviarte. No obstante, ingerido en grandes cantidades puede ser la llama que encienda el estrés en tu interior y lo que convierta tu alivio en ansiedad y de presión.
·Promoviendo intereses personales. Tener un hobby o afición que te satisfaga estimulará tu mente. Recargará tus "baterías" y, cuando vuelvas al trabajo, después de practicarlo, como te habrás distraído posiblemente encontrarás solución a las preocupaciones que te embargaban y que te producían estrés.
·Socializando o no. Si eres una persona extrovertida y que confraterniza con la gente, expresar tus opiniones y dialogar te resultará una terapia muy curativa. Con ella retrasarás la aparición del estrés, y, además, enfocarás los problemas desde una perspectiva más halagüeña. Si, por el contrario, eres una persona introvertida, tómate un descanso, aléjate del bullicio y disfruta de tu tiempo en soledad, ello te ayudará a restablecer tu equilibrio interior. Una estrategia apropiada te permitirá reactivar tu energía, sentirte rejuvenecido y con mayor capacidad para afrontar el estrés.

Si cambias estos malos hábitos causados por el estrés, te embargará el sentimiento de ser tú quien lleva las riendas de tu vida. ¡No es una ilusión, porque de hecho es así!

LLEVAR A CABO EJERCICIO FÍSICO CORRECTO

El simple hecho de pensar en hacer deporte, te produce una enorme pereza, por eso te acabas adormeciendo en el sofá, cuando la práctica del ejercicio físico garantiza la minoración del estrés. Además, hacer ejercicio te llena de vitalidad y energía porque ayuda a tu cuerpo a eliminar las hormonas perjudiciales. También favorece la producción de endorfinas, que te producirán bienestar. Es difícil de creer, pero, cuando comiences a mover tus músculos el ejercicio te resultará hasta estimulante y todo. La hiperatividad no es recomendable para la salud. Tienes que correr, hacer ciclismo, o alguna clase de estiramiento para lograr buenos resultados, siempre acorde a tu constitución física, teniendo en cuenta tu edad, peso, talla, etc...

Si tienes poca predisposición natural para el deporte, porque piensas que es una pérdida de tiempo, utiliza un walkman con cintas como estímulo mental, y pasea. De este modo, matas dos pájaros de un tipo.

Elige entre estos ejercicios el que más se adapte a tu constitución: así verás sus resultados positivos y no desistirás al primer intento. Escoge entre:

·Caminar a paso ligero 20 minutos cada día. Sienta muy bien para la salud, además, descubrirás detalles curiosos a lo largo del recorrido, cosas que nunca has visto, si viajas en autobús, tren o coche.
·Desenterrar tu vieja bicicleta o comprarte el último modelo y disfrutar del placer de viajar por tus propios medios.
·Comprarte un vídeo de ejercicios. Puedes escoger una tabla de ejercicios gimnásticos que se adapte a tu constitución y edad, que no te haga sentir patoso o en ridículo.
·Acudir a un gimnasio, nadar o realizar cualquier otro entrenamiento físico.

En un principio el ejercicio puede resultarte poco atractivo. No obstante, acabarás dándote cuenta que es esencial para tu bienestar.

UTILIZAR TU PROPIA EXPERIENCIA

Ahora, piensa en tus vivencias y experiencias, y extrae de ellas todo lo que te ha servido de lección. Como dice el proverbio: "Si haces siempre lo que has hecho, conseguirás siempre lo que has conseguido." Ojo. Si estás estresado,  aprender  de  nuevo  cuesta  más  esfuerzo,  porque actúas según

costumbre, como lo hacías anteriormente. Para afrontar las circunstancias adversas utiliza tu experiencia:

·Reconociendo tus limitaciones. Tienes la triste experiencia de conocer tus limitaciones, tus carencias: lo que puedes y lo que no puedes hacer. Establece un plazo de tiempo, impónte una serie de tareas, acorde con el tiempo de que dispongas y con tus aptitudes. Los objetivos te resultarán más fáciles de alcanzar.
·Haciendo frente a los cambios. Sabes que cuando un método resulta engorroso o se ha quedado obsoleto, con él sólo vas a perder el tiempo, sin embargo, si utilizas las novedades y las nuevas técnicas tu vida será mucho más sencilla.
·Sabiendo decir que "no". Generalmente eres consciente de que a veces asumes demasiada responsabilidad. Por lo tanto, si rehúsas realizar una tarea que conoces de antemano que te produce estrés, seguirás una línea de acción razonable, aunque difícil de cumplir, porque tus compañeros te presionarán para que la hagas tú.
·Aceptando tus defectos. No existe el ser perfecto, todo el mundo tiene virtudes y defectos, así que admite tus carencias, seguro que disminuyes tu tensión.
·Evitando a ciertas personas. Conoces qué personas te desasosiegan o trastornan, asegúrate que vas a tratar con ellas lo mínimo indispensable en lo sucesivo. Te evitarás preocupaciones innecesarias.
·Evaluando una situación. La experiencia adquirida te servirá para reconocer si una línea de acción concreta generará estrés o no, confía en tu instinto y decide si actúas de un modo u otro, con ello te evitarás sentirte angustiado a la hora de tomar una decisión.
·Reservándote tiempo. Conoces el sentimiento de pánico que te embarga al tener que entregar un informe en un plazo de tiempo muy apretado o al perder un tren. A la estación procura llegar con tiempo para comprarte un periódico y leerlo tranquilamente en vez de llegar corriendo y sin aliento, es decir, planifica tu tiempo y no dejes todo para el último minuto, porque resulta menos estresante.

Si has aprendido la lección, te ahorrarás muchas situaciones estresantes. No dejes las cosas para el final. Utiliza tu experiencia para controlar el estrés.

DESARROLLAR ESTRATEGIAS

Cuando las personas se estresan no pueden pensar racionalmente. Son incapaces de enfrentarse a sus preocupaciones de un modo objetivo. Intenta

solventar los problemas acuciantes con un método y un orden.

Existen seis métodos prácticos:

·Determina si tus problemas necesitan una resolución inmediata o no. Si no puedes solucionarlos, deja de irritarte. Olvídalo, mañana será otro día, verás el asunto desde otra perspectiva.
·Establece un baremo de prioridades clasificando tus preocupaciones, de menor importancia a mayor importancia. Una preocupación puede parecerte cuestión de vida o muerte pero cuando la colocas en una escala de 0 a 10 - y 10 es igual a padecer una enfermedad mortal, cáncer terminal por ejemplo- pregúntate si lo que te obsesiona es tan importante.
·Despeja tu mente contemplando un paraje tranquilo y pacífico, como un estanque cristalino, un cielo azul, o un lugar que te traiga buenos recuerdos, un espacio donde no existan las preocupaciones. De este modo evitarás darle vueltas a la cabeza.
·Aísla tus preocupaciones unas de otras, crea "compartimentos estancos". Concéntrate exclusivamente en el problema más importante. En el del momento. Piensa: "voy a centrarme únicamente en esta preocupación". Serás capaz de adoptar diversas soluciones.
·"Visión de conjunto" imagínate "menospreciando" la preocupación desde arriba, mirándola por encima del hombro. O trata de compartirla con alguna persona más. Esto te ayudará a separar tus pensamientos de tus emociones y a pensar con la cabeza.
·Llega al corazón de la preocupación y pregúntate: "¿Qué es lo realmente importante?". Por ejemplo., si tienes una reunión mañana a primera hora, la reunión en sí no te preocupa, pero sí el hecho de que el despertador no suene o que se le acabe la pila justa esa noche.

Si desarrollas alguna estrategia global o varias al mismo tiempo para suprimir las preocupaciones de raíz, en vez de permanecer constantemente bajo sus efectos, conseguirás disminuir la presión, y, por consiguiente, aliviarás tu estrés.

Si logras el equilibrio entre tu trabajo e intereses personales, y llevas una vida sana y saludable, podrás aliviar el estrés que pesa sobre tu espalda como espada de Damocles.

El estrés no surge espontáneamente  -tiene  un  origen-, si te enfrentas a una

situación nuevo, evoca tus vivencias anteriores y experiencia personal y aprovecha tu "sabiduría" a la hora de tomar una decisión.
Lleva una alimentación sana, practica deporte con regularidad, y aplica alguna estrategia para hacer frente a las preocupaciones. Todas estas medidas resultan métodos prácticos para reducir el estrés.

SABER DOMINAR EL ESTRÉS

Cuando adoptes un enfoque positivo de tu vida y trabajo variarás tu modo de pensar y el modo de enfocar el estrés.

Si ahuyentas los pensamientos negativos, los que te dictan los sentimientos, te encontrarás con energía renovada y con más autoestima para retomar el control de tu vida.

Es importante que sepas que es cosa tuya sentirte bien o mal.

Si eres capaz de dominar el estrés, obtendrás grandes beneficios:

·Te sentirás vital y entusiasta en tu vida y en tu trabajo.
·Podrás razonar con más claridad y lógica.
·Será menos probable que te invadan las preocupaciones o que te fatigues fácilmente.
·Tendrás un aspecto saludable y te sentirás más contento.
·Lograrás un mejor rendimiento y a menudo serás más creativo.
·Serás capaz de mantener la calma en situaciones tensas y regenerarás tus reservas de energía.
·Sabrás que existen siempre remedios para curar el estrés.

Conocer que puedes controlar tu propio estrés supone un gran alivio.

Sin embargo, si estás estresado, una vez que empieces a practicar técnicas antiestrés, comenzarás a sentir sus efectos beneficiosos en tu vida y en tu rendimiento. Lo único que necesitas es tener deseo de empezar. Así que ¡suerte!

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